Suelta tu lecho
Cita: Juan 5:1-9
El pasaje nos ubica en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, en un estanque llamado Betesda. En hebreo, Betesda significa "Casa de Misericordia".
Cuando miramos la Casa de Dios, el lugar donde nos congregamos a alabar y glorificar el nombre de Jesús, nos damos cuenta de que la Iglesia no es otra cosa que una Casa de Misericordia. A este lugar todos llegamos un día siendo enfermos espirituales:
Llegamos ciegos, sin poder ver la luz de Jesús, hasta que Él abrió nuestros ojos a su amor y bondad, Llegamos sordos, incapaces de escuchar su voz ni atender a su llamado, hasta que Él sanó nuestra sordera espiritual.Llegamos paralíticos, sin poder caminar por sendas de justicia, hasta que Jesús nos levantó para caminar en fe, santidad y verdad.
¿Qué es realmente la Misericordia?
La misericordia no es sentir lástima superficial; es una disposición del corazón que se traduce en acción ante el sufrimiento ajeno. Misericordia es cuando Dios no te da el castigo que mereces; En ocasiones suele confundirse con gracia, no obstante, Gracia es cuando Dios te da el regalo inmerecido de la salvación.
La Iglesia es ese estanque a donde llegan los necesitados. Las Escrituras dicen que las aguas debían agitarse para que hubiera sanidad. Si las aguas se estancan, no hay vida; si las aguas se estancan, no pasa nada. ¡Las aguas en la Iglesia se tienen que mover!
¿Cuáles son las aguas que se deben mover hoy en la Casa de Dios?
Las aguas del ayuno y la oración. Las aguas de la unidad y la reconciliación. Las aguas de la adoración y la presencia del Espíritu Santo.
Cuando las aguas se mueven, ocurre la liberación, ocurre la sanidad y la restauración. El estanque está diseñado para arreglar la ceguera, sanar la sordera, soltar la lengua del mudo y levantar al paralítico. Dios no te trajo al evangelio para que sigas siendo el mismo.
Muchos culpan al estanque, culpan al movimiento o culpan a los líderes. Pero díme algo: ¿Cómo es posible que un cristiano tenga 10, 20 o 38 años en la Iglesia y siga siendo el mismo ciego, el mismo cojo, el mismo mudo espiritual?
El problema no es el estanque (la Iglesia).El problema no son las aguas (el mover del Espíritu). El problema es la persona que se acostumbró a su lecho, el cual representa su condición.
Muchas veces el Espíritu Santo viene con una palabra transformadora, sacude las aguas en el altar, pero la gente se ha vuelto cómoda en su miseria. Se han acomodado a la cama del pecado, de la amargura y del estancamiento.
LA PREGUNTA DE JESÚS Y LAS EXCUSAS DEL HOMBRE
Jesús entra a Betesda, ve al hombre que llevaba 38 años tirado, y le hace una sola pregunta: «¿Quieres ser sano?»
Jesús no llegó a compadecerse con lástima barata. No llegó a decirle: "Pobrecito, qué bárbara esta gente que no te ayuda, qué falta de consideración". ¡Jesús ni siquiera lo metió al estanque!
Jesús le hizo una pregunta directa, pero el paralítico le respondió con excusas: Señor, no tengo quien me meta... otro se me adelanta.
Jesús no le preguntó por qué no había entrado. Le preguntó si quería cambiar.
El problema de muchos es que tienen al Salvador de frente, pero siguen mirando sus limitaciones. Tienen al Dios de la solución al lado, pero siguen enfocados en el problema. Lo único que ese hombre necesitaba responder era: Sí, Señor, quiero. Deja de culpar a los demás. Deja de culpar al pastor, a los hermanos, a tu familia o a tu pasado. ¡Asume tu responsabilidad y mira a Jesús!
Jesús no se enganchó con sus excusas. Le dio una orden de fe: «Levántate, toma tu lecho, y anda» (v. 8).
Levántate: Sal de la postura de víctima. Toma tu lecho: Carga aquello sobre lo que antes estabas derrotado. Lo que antes te dominaba, ahora lo llevas en la mano como testimonio. Anda: Camina, avanza, no te quedes estancado Dios no te trajo a la Casa de Misericordia para que mueras al lado del agua; te trajo para que seas transformado por el poder de su Palabra. Hoy Jesús te hace la misma pregunta: ¿Quieres ser sano hoy o vas a seguir culpando a otros?
Si quieres ver el poder de Dios, haz lo que Jesús te mandó a hacer: Levántate, toma tu cama y camina
Dios te bendiga y te guarde.
Por: Paulo Torres (Miembro de la Iglesia Dios habla hoy)






