Cita: 2 Reyes 6:1-7
Introducción:
Los hijos de los profetas cortaban árboles porque el lugar donde vivían les había quedado pequeño; necesitaban expandirse. El hecho de que el lugar les quedara pequeño y decidieran ir al Jordán a cortar madera es el detonante de toda la historia. Espiritualmente, esto representa el deseo de avance, crecimiento y transición, representa la misión de la Iglesia: Discipular, ganar almas, romper estructuras de pensamiento en la sociedad y expandir el evangelio. pero también los peligros que vienen cuando intentamos expandirnos.
Representa el momento en que un creyente o una congregación ya no se conforma con el nivel espiritual que tiene. Es cuando dice: "Ya no me basta con venir solo los domingos, ya no me basta con esta vida de oración de cinco minutos, deseo avanzar, deseo dar mas para Dios, deseo ser de mas utilidad en la obra del Señor. El lugar "les quedó pequeño" porque su visión se agrandó. Representa la transición de la comodidad espiritual al deseo de madurez, donde te das cuenta de que el molde antiguo ya no puede contener lo nuevo que Dios quiere hacer en ti.
Mientras los hijos de los profetas estaban en su casa (en la escuela de profetas), el hacha estaba segura; allí no había árboles que cortar ni ríos donde el hierro pudiera hundirse. El peligro comenzó cuando decidieron salir a trabajar. Hoy en día, esto representa que el riesgo espiritual aumenta cuando decides avanzar. Mientras eres un cristiano pasivo que no hace nada por la obra de Dios, el enemigo no te ataca; pero en el momento en que decides "ir al Jordán" (emprender un ministerio, abrir una célula, evangelizar, crecer), te expones al campo de batalla donde puedes descuidar tu herramienta y perder tu hacha
Muchas veces la iglesia inicia proyectos de expansión, ministerios o programas porque "el lugar nos queda pequeño" (por lógica o necesidad humana), pero si no nos aseguramos de que la presencia de Dios (representada por Eliseo) vaya con nosotros, terminaremos experimentando pérdidas en el camino.
El pasaje dice: "Tomemos de allí cada uno una viga". No mandaron a un solo hombre a hacer el trabajo; todos se involucraron, cada uno tenía que aportar una parte para la nueva construcción. Hoy día, representa el trabajo en equipo y la unidad en el cuerpo de Cristo. Para que la Iglesia crezca y se amplíe, se requiere el esfuerzo de todos. Cada miembro de la iglesia tiene una "viga" (un don, un talento, un recurso) que aportar. La expansión de la obra, no es tarea de un pastor o de un líder solitario, sino de una comunidad que avanza unida hacia una misma visión.
Todos estaban trabajando, pero dice la palabra que mientras uno de ellos derribaba un árbol, el hacha se le cayó al agua. Entonces gritó: «¡Ah, señor mío, era prestada!». Eliseo arrojó un pedazo de madera al agua, y el hierro flotó.
En el mundo espiritual el hacha representa la unción, representa la presencia de Dios en nuestras vidas, la manifestación del Espíritu Santo, la pasión y la fuerza espiritual que Dios nos ha dado. Perder el hacha significa perder la efectividad espiritual, significa perder el deseo de orar, el deseo de adorar, la pasión por leer su palabra, el anhelo de congregarnos, la pasión por las almas perdidas, perder el respaldo del Rey de reyes. etc, etc.
Es muy probable que lo que se fue al agua fue el metal, el hierro, sin duda alguna se safó del mango de madera y se quedo con el cabo en las manos.
El mango de madera representa nuestro esfuerzo humano, nuestro talento, elocuencia o estrategias.
Hoy en día, a muchos creyentes, líderes predicadores se les aflojó el hacha la cual se hundió en las corrientes del descuido, se hundió en el río de la conformidad, en las aguas sucias del pecado, no obstante ellos siguen "golpeando el árbol" pero ya no tienen el filo ni el poder del Espíritu Santo. Tienen la fuerza del brazo humano, pero no el impacto divino.
Golpean el árbol con la madera del talento, pero sin el hierro de la unción.
Operan en la obra con la fuerza de la habilidad humana, pero carecen por completo del respaldo del Espíritu Santo».
Golpean con el mango de las capacidades naturales, pero sin el fuego divino que quiebra la roca».
Dependen del esfuerzo de sus propios recursos y preparación, pero han dejado sepultada la presencia de Dios.
Se han esmerado en pulir el mango del talento, pero están completamente desarmados del hierro de la unción».
Ellos continúan golpeando sin importarles que solo hagan ruido, sin importarles golpear palo contra palo
El río Jordán donde se hundió el metal, representa el mundo, las distracciones de la cultura actual y las corrientes del desánimo.
El hierro cayó al fondo del río y quedó oculto a la vista. En nuestros tiempos, el agua representa las corrientes de este mundo que "tragan" y ahogan la fe de los creyentes. Representa el materialismo, el entretenimiento desmedido, la ansiedad de la vida cotidiana o los afanes que van hundiendo lentamente nuestra vida espiritual hasta que perdemos el hacha. El agua también simboliza el estancamiento: cuando un cristiano permite que las corrientes del mundo inunden su mente, sus dones se hunden y quedan inoperantes en el fondo.
El Grito del muchacho («¡Ah, señor mío, era prestada!») Representa el despertar de la conciencia, el quebrantamiento y el cese de la hipocresía.
En la iglesia moderna, lamentablemente, existe la tendencia a "aparentar". Si a alguien se le cae el hacha (pierde su comunión con Dios), muchas veces prefiere seguir golpeando el árbol con el puro mango de madera para que nadie note su vacío. El grito del muchacho representa el momento de crisis donde se rompe el orgullo. Hoy en día, ese grito representa la vulnerabilidad y el arrepentimiento sincero: es el creyente o líder que se detiene, deja de actuar para los demás, y reconoce con desesperación ante Dios que ha descuidado lo más sagrado que se le había confiado.
El varón no se quedó callado, no lo ocultó, al instante gritó, se me cayó el hacha. Esa tiene que ser la misma actitud en nosotros como siervos de Dios, no debemos quedarnos callados, no debemos ocultar el desánimo, no debemos quedarnos en silencio si caímos en una sequía espiritual, debemos gritar, Dios mío se me cayó el hacha, perdí el deseo de orar. Pastor se me cayó el hacha, ya no siento deseos de congregarme, líder se me cayó, se me perdió el hacha, perdí el deseo de ayunar, el deseo de cantar, sinceramente cuando llego a la casa de oración no siento nada, no siento la presencia del Rey de reyes. La perdida del hacha también representa el momento exacto en que el motor espiritual de un cristiano se apaga y se pierde la pasión. El hacha es lo que daba efectividad, antes, la oración era tu refugio, pasabas tiempo a solas con Dios y sentías su presencia. Hoy, arrodillarse cuesta, la mente se distrae a los dos minutos y la oración se convirtió en un monólogo aburrido o una obligación. Tienes el "mango" (sabes cómo orar, conoces las palabras), pero perdiste el deseo ardiente de buscar Su rostro
Antes venías a la iglesia y las lágrimas fluían con la alabanza, antes adorabas en el carro, en la casa, en el secreto. Hoy, la música pasa, el ministro de alabanza canta, pero tú solo miras el reloj, críticas la acústica o cantas por inercia. Se cayó la pasión por adorar al Rey; tu boca canta, pero tu corazón está en el fondo del río.
Hubo un tiempo donde la Biblia era tu alimento, subrayabas los versículos y Dios te hablaba directamente. Hoy, la Biblia pasa días empolvada en la mesa de noche o solo la abres en la aplicación del celular cuando el pastor dice la cita bíblica. El deseo de conocer a Dios a través de Su Palabra se hundió. Antes te ofrecías para todo: limpiar el templo, recibir a las personas, ir a las misiones; lo hacías con una sonrisa. Hoy, servir te pesa, te quejas de los líderes, buscas excusas para no ir y sientes que el servicio es una carga en lugar de un privilegio. Sigues yendo a la iglesia (sigues en el bosque), pero ya no quieres cortar ningún árbol.
"Iglesia, el peligro no es que se te caiga el hacha; el peligro real es que te des cuenta de que se te cayó... y sigas golpeando el árbol como si nada hubiera pasado. El peligro es vivir una vida cristiana de apariencia, haciendo ruidos de madera contra madera. Hoy en día, cuando "se nos cae el hacha" (cuando fallamos, cuando nos secamos espiritualmente o perdemos el rumbo), Cuantos han perdido el hacha y solo viven de apariencia, pero no son dignos de reconocer que han perdido en hacha.
Si hoy te identificas y dices: 'Pastor, se me cayó el deseo de orar, se me cayó la pasión por cantar, se me cayó el amor por las almas'... ¡Detén el golpe! Detente, No sigas fingiendo. El profeta no se avergonzó de gritar. Hoy es el día de gritarle al Señor: '¡Se me cayó el hacha, y era prestada!
En la vida espiritual debemos reconocer que el don con el que cantas, el don con el que predicas, el don con el que administras o sirves no te pertenece; es una dadiva del Espíritu Santo, y un día dijo Jesús en la parábola de los talentos que El Señor te va a pedir cuenta que hisistes con lo que el te dió, un día te va a pedir cuenta si enterraste el talento, si enterraste los dones que Él te dió.
El profeta preguntó donde la perdiste, donde se te cayó, y el dijo aquí. Es importante que recuerdes donde se te cayó el hacha, en que punto de tu vida fue que perdiste el deseo de orar, el deseo de cantar, el deseo de leer la Biblia, el deseo de ayunar
el primer paso para la restauración es la honestidad. Debemos dejar de aparentar que todo está bien, dejar el orgullo y clamar: "Señor, reconozco que sin ti no soy nada, lo que me diste lo he descuidado".
Esto representa el examen de conciencia y el arrepentimiento. Dios no puede restaurar lo que nosotros no estamos dispuestos a confesar. Para recuperar lo que perdiste (el primer amor, el gozo de la salvación, la santidad), debes regresar al punto exacto donde lo descuidaste. ¿Fue por una ofensa no perdonada? ¿Fue por descuidar la oración? ¿Fue por dar lugar a la distracción o al pecado? Hoy en día la pregunta es la misma. Donde perdiste el hacha?
En el libro de Apocalipsis, capítulo 2, versículo 5.
el Señor dirige a la iglesia en Éfeso y le dice:
"Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras.
Debemos hacer un análisis y recordar dónde cayó nuestra hacha, dónde fue el punto de quiebre, dónde fue que perdimos la visión, en que momento de nuestra vida?
Dice la palabra que Eliseo tomo un palo y ocurrió un milagro sobre natural, el hacha flotó, sin embargo el profeta Eliseo no le entregó el hacha en la mano al muchacho, la orden fué clara, tómala, y este alargó su mano y la tomó. Esto representa que Dios a menudo hace lo imposible (lo que está fuera de nuestro alcance, como recuperar algo "hundido" en el fango de nuestras propias limitaciones o errores), pero nos pide que hagamos nuestra parte. Dios provee la gracia y el poder, pero nosotros debemos extender la mano y apropiarnos de esa provisión.
Se te cayó el hacha? Hoy Dios hará el milagro, pero tú debes tener la disposición de recibirlo. No esperes a que el milagro caiga en tu regazo sin que tú te esfuerces por tomarlo. Extiende tu mano, levanta tu mano y recibe en el nombre de Jesús.
Autor: Paulo Torres.