lunes, 19 de octubre de 2026

No te duermas atalaya


Inicialmente, en la antigüedad, se utilizaba la palabra atalaya para referirse a un lugar alto, como una torre o una colina. Posteriormente, este término pasó a designar al centinela apostado en una estructura elevada, cuya misión principal era vigilar, mantenerse en alerta ante cualquier peligro y detectar cualquier señal de amenaza para el pueblo. Cuando el atalaya observaba a lo lejos a un extraño de manera sospechosa, inmediatamente emitía un aviso firme, ya sea mediante la voz o utilizando una trompeta.

​Dios hizo una analogía similar al referirse al profeta Ezequiel como un atalaya 

Ezequiel 3:17, RV'60

Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.

Así como el atalaya era delegado por una autoridad para ejercer su puesto, Dios delegó al profeta Ezequiel para que fuera un atalaya en el plano espiritual. Del mismo modo en que el atalaya de una ciudad era responsable si el enemigo atacaba sin que él diera aviso, el siervo de Dios también adquiría la responsabilidad de advertir a su pueblo cuando el Señor se lo indicara. Esto se refuerza en 

Ezequiel 3:18 (RV'60

Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablareis, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano."

Entrando en el núcleo de este mensaje, el profeta Isaías, en su capítulo 56, hace mención de tres grandes grupos:

​1. Extranjeros (gentiles)

2. ​Eunucos

3. ​Israelitas

​De manera sorprendente, al referirse a estos tres grupos en el versículo 10, Isaías habla directamente de los atalayas describiéndolos de una forma severa

 (Isaías 56:10, RV'60)

Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir.

​Es evidente la situación que se desliza en este episodio; no podemos obviar lo molesto que se encuentra nuestro Dios al mencionar el tema, al ver la forma en que se lo está diciendo al profeta. Obviamente, por culpa de los atalayas el pueblo en muchas ocasiones se desenfrenó; por culpa de los atalayas muchas veces el pueblo pereció, porque no había amonestación, no había nadie que les hiciera ver su pecado. Y en esta ocasión dice la palabra que los atalayas no veían, habían enmudecido, al igual que un perro que no quiere ladrar, que solo pasa echado, que solo quiere dormir; así estaban los atalayas.  

​Hermano amado, cuando un atalaya se vuelve ciego, no puede visualizar el peligro; cuando se vuelve mudo, no alerta al pueblo, no lo exhorta, no lo amonesta de parte de Dios, no hace ver al pueblo lo malo que está haciendo. Y cuando el atalaya está soñoliento, difícilmente va a cumplir con su papel, difícilmente va a ejercer la misión que Dios le ha encomendado, pues el mayor tiempo lo pasa dormido. Un atalaya dormido representa un peligro para el pueblo, porque en ese estado jamás podrá ver, jamás podrá escuchar, jamás podrá tocar trompeta.  

​Hoy día, muchos atalayas se encuentran dormidos: unos, viendo, no quieren ver; otros se han quedado mudos, pase lo que pase no tocan trompeta, olvidan que la palabra de Dios, entre otras cosas, es útil para exhortar, es útil para corregir, y cuando Dios te pone una palabra de exhortación no puedes callar.  

​¡Atalaya, no te duermas!, recuerda que a Ezequiel se le dijo que tenía que hablar al impío y al justo, y si estás dormido, ¿cómo y de qué manera lo vas a hacer? Hoy en día, mientras muchos atalayas duermen, las almas se están perdiendo sin Dios y sin esperanza; mientras muchos duermen, muchos justos están haciendo lo malo —creyendo que están obrando bien según su propia opinión—, y los atalayas, sabiendo que estos están equivocados, ya sea de forma consciente o inconsciente, no les hacen ver su error a la luz de la palabra.  

​Me llama fuertemente la atención lo que dice Ezequiel capítulo 8, versículo 1:  

​"Dice el profeta que: Mientras él estaba sentado en su casa, y junto a él estaban sentados los ancianos de Judá, la mano de Dios vino sobre él y le mostró todos los pecados que la casa de Israel estaba cometiendo, y en reiteradas ocasiones le preguntó: Hijo de hombre, ¿no ves lo que éstos hacen, las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí para alejarme de mi santuario?"

  

​En otras palabras: ¿es que no estás viendo lo que está pasando? ¿Acaso es que no ves lo que está sucediendo a tu alrededor?  

​Hermanos amados, estar sentado es equivalente a estar sin hacer nada, es sinónimo de inactivo. ¿Cuántas veces, mientras nosotros estamos sentados, muchas personas mueren sin Cristo? Personas que quizás, si nosotros les hubiéramos predicado, habrían recibido a Cristo como su Salvador. ¿Cuántas veces nosotros estamos sentados porque estamos dormidos, espiritualmente hablando? No estamos cumpliendo con el llamado que tenemos, no estamos funcionando como un verdadero atalaya.  

​Es muy notorio que, al mismo hombre al cual Dios le dijo «Te he puesto por atalaya», le sucede algo al iniciar su ministerio: es evidente que cuando él dice «estaba sentado en mi casa», obviamente estaba en una silla, y esto me recuerda lo que dice el libro de los Salmos: “Bienaventurado el varón que no se ha sentado en silla de escarnecedores”.  

​La pregunta es: ¿En qué silla estás sentado?

​La silla del chismoso: Siervos de Dios, no existe el «ministerio de los chismosos», no existe el «don del chisme», no aparece el chisme dentro del fruto del Espíritu. Acá no hay un punto medio: los chismosos no entran al Reino de los cielos.  

​La silla del mentiroso: Muchos cristianos hoy día mienten como si fuera un concurso de mentiras; no hay temor de Dios. La biblia es muy clara: los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre.  

​La silla de los fariseos modernos: Muchos cristianos hoy día se han equivocado de silla y se sentaron en el sillón de los fariseos modernos. ¿Y cuáles son esos? Son aquellos que, en lugar de buscar de Dios, se dedican a señalar; en lugar de someterse al Señor, solo viven señalando al hermano, olvidando así que, al señalar con un dedo, esa misma mano sin querer pone a tres dedos que te señalan a ti mismo.

Recordemos a los fariseos del tiempo de Jesús: mientras el Mesías predicaba, mientras el Mesías sanaba, mientras el Mesías echaba fuera demonios, los fariseos andaban buscando motivos para señalar: que si sanaba en día sábado quebrantaba la ley, que si expulsaba demonios lo hacía por Beelzebú, etc., etc. Siempre buscaban motivos para hablar mal de Cristo.

Yo me imagino a los fariseos llorando o tratando de aparentar eso cuando murió Lázaro, ya que ellos eran expertos en hacer cosas para que los vieran; y cuando Jesús hace el milagro de resucitar a Lázaro, esos mismos fariseos querían matar a Jesús y al mismo Lázaro. ¡Dios mío, hasta dónde llegaba la hipocresía!

Eso mismo sucede hoy con los fariseos modernos: cuando no hay dones en la iglesia, están orando y clamando a Dios para que Dios levante ministerios, para que levante hombres y mujeres con dones espirituales, hombres y mujeres con unción, hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo; pero cuando Dios levanta ministros, esos mismos fariseos intentan matar esos dones, ya que están buscando motivos para señalar al hermano, están buscando motivos para culpar a la hermana, todo les molesta. En lugar de buscar de Dios para que Él les dé a ellos también de esa misma unción, para que ellos también tengan ese respaldo, optan por sentarse en el sillón de los envidiosos y formar parte de los fariseos de la actualidad.  

​La silla de los hipócritas: Es lamentable ver cómo, en algunas ocasiones, algunos hermanos hablan mal de ti a tus espaldas, y cuando te ven te saludan con una amabilidad y una hipocresía que para qué te cuento, olvidando que también eso es pecado ante los ojos de Dios.  

​La silla de lascivia: En muchas congregaciones vemos cristianos tibios y mundanos, llenos de lujuria, mirando a las hermanitas con ojos de morbosidad, y esto se da cuando una persona está viviendo bajo los efectos de la carne, bajo la influencia carnal; lo espiritual quedó a la distancia.  

​Falta haría el tiempo para mencionar la fila de sillas en las cuales se está sentando el varón o la mujer que dice ser creyente: la silla de los iracundos, la silla del contencioso, el sillón de los celosos, el sillón de los adúlteros, etc.  

​Hermano amado, Dios está llamando gente a sentarse en la silla donde se sientan los varones y mujeres de fe, donde se sienta la gente que camina en justicia, donde se sientan los que andan en rectitud, los que andan en integridad, los que aman la venida del Rey de reyes y Señor de señores.  

​El Maestro quiere verte sentado en la silla donde se sentaron los grandes héroes de la fe, los cuales (Hebreos 11:33-34, RV'60):  

​33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones,

34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

  

​Estos hombres de Dios siempre estuvieron alerta, siempre fueron atalayas que soltaban la palabra a tiempo y fuera de tiempo, no se dormían en los laureles; espiritualmente siempre estaban despiertos, siempre estaban alerta, viendo el peligro para tocar trompeta y prevenir al pueblo de Dios.

​Varón de Dios, mujer de Dios, despierta. ¡Atalaya, no te duermas!  

​Dios te ha puesto por atalaya para que sueltes la palabra, para que prediques a tiempo y fuera de tiempo:  

​Para que hables al que va rumbo a la perdición.  

​Para que anuncies el evangelio a los perdidos.  

​Para que lleves la luz a los pecadores.  

​Para que lleves libertad a los cautivos, y a los presos apertura de cárcel. Amén y amén. .

Dios te bendiga y te guarde te desea tu hermano en Cristo Paulo Torres