viernes, 30 de octubre de 2026

Dios se glorifica en medio de la alabanza



Si tan solo recordáramos, si tan solo hiciéramos memoria del poder que fluye en medio de la alabanza, no veríamos tanta indiferencia en muchas congregaciones hoy en día; tanta gente que, a la hora de adorar a Dios, está haciendo cualquier otra cosa menos alabar, menos glorificar, menos adorar a Dios.  

​No es desconocido que muchos, a la hora de la alabanza en la congregación, están inmovilizados, estáticos, con la mirada puesta en otra cosa: ya sea en la persona de al lado, en el celular, mascando chicle o sentados como si nada estuviera pasando.  

​Si tan solo tuviéramos la idea de lo que Dios puede hacer cuando le alabamos, cuando le adoramos, tú en tu casa lo harías de continuo, y en lugar del equipo de sonido —el cual es el que suele escucharse en muchos hogares cristianos—, hermano mío, Dios quiere que seamos nosotros los que le alabemos, no la radio. El que está cantando en la radio ya está haciendo su parte, ¿y la tuya?  

​Amados hermanos, desde tiempos antiguos, Dios ha querido y nos ha demostrado que cuando su pueblo le alaba, cuando su pueblo le adora, grandes cosas suceden.  

​LBLA 2 Crónicas 20:22:

Y cuando comenzaron a entonar cánticos y alabanzas, el SEÑOR puso emboscadas contra los hijos de Amón, de Moab y del monte Seír, que habían venido contra Judá, y fueron derrotados.

En este relato bíblico nos damos cuenta de que, en cierta ocasión, los hijos de Moab y de Amón y con ellos otros amonitas llegaron como tempestad para hacerle la guerra al pueblo de Dios. En ese tiempo, Josafat era el rey del reino del sur (Judá), y sus enemigos mencionados, los cuales eran una gran multitud, vinieron para hacerle la guerra. Dice la palabra que Josafat tuvo temor, lo que lo impulsó a buscar el rostro de Jehová.  

​Lo que hace grande este suceso bíblico es que no hubo necesidad de que el pueblo de Dios peleara físicamente. Dice la palabra que la orden que dio el rey fue que alabaran a Dios, que solo tenían que adorar al Rey de reyes, nada más.  

​TLA 2 Crónicas 20:21-24:

21 Luego Josafat se puso de acuerdo con el pueblo, y eligió a varios cantores para que marcharan al frente del ejército, y fueran cantando y alabando a Dios con el himno que dice: “Den gracias a Dios, porque él nunca deja de amarnos”. Los cantores marcharon, vestidos con sus trajes especiales,

22 y en cuanto empezaron a cantar, Dios confundió a los enemigos de Judá. Fue tal la confusión, que los amonitas y los moabitas atacaron a los de Seír, hasta que acabaron con todos. Luego, los amonitas y los moabitas se pelearon entre ellos, y acabaron matándose unos a otros. Así fue como cayeron derrotados.

24 Cuando el ejército de Judá llegó hasta el punto desde el cual se ve el desierto, sólo vieron un montón de cadáveres regados por todos lados. ¡No quedó nadie con vida! Entonces Josafat y su ejército fueron a apoderarse de las pertenencias de sus enemigos. Encontraron gran cantidad de alimentos, ropa y utensilios valiosos; era tanto lo que había, que pasaron tres días recogiéndolo todo, y ni aun así pudieron llevárselo».

​Yo me imagino al rey Josafat diciendo al pueblo: No se preocupen, Dios nos dará la victoria; solo alabémosle, solo adorémosle, pero hay que hacerlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, que esa alabanza salga de lo más profundo de nuestro ser, y veremos la gloria de nuestro Dios.  

​¡Aleluya! Solo bastó cantar y alabar a Dios para que Él mostrara su poder. El pueblo comenzó a entonar la alabanza y el Señor confundió a sus enemigos; fue tan grande la confusión que se mataron entre ellos mismos, a tal magnitud que no quedó ni uno solo vivo. ¡Bendecimos el nombre de nuestro Dios!  

​Dice la palabra que, cuando llegó el pueblo de Judá y los moradores de Jerusalén a aquel lugar, solo encontraron un montón de cadáveres.  

​Recuerda, mi hermano; recuerda, mi hermana: si estás atravesando por una guerra espiritualmente hablando, alaba a Dios. Si estás pasando por una situación difícil, adora al Señor, y Dios peleará por ti, como dijo el rey Josafat: No habrá para que peleéis vosotros, estad quietos y veremos la gloria de Dios.  

​Hermano amado, aférrate a la palabra, solo alaba, aférrate a la palabra, solo adora. Hazlo con cánticos, hazlo con oración y súplica, y pronto verás el cadáver de la soledad, el cadáver de la depresión, el cadáver de la calumnia, el cadáver del cansancio espiritual, el cadáver de la debilidad. Pronto verás solo un montón de cadáveres de todo lo que hoy te agobia.  

​Si de veras quieres honrarme, dice el Señor, tráeme ofrendas de gratitud (ofrendas de alabanza).  

​TLA Salmos 50:23:

«Si de veras quieres honrarme, tráeme ofrendas de gratitud. Si corriges tu conducta, yo te salvaré».

  

​Por tanto, alabémosle pues con nuestros labios, dice el escritor a los Hebreos.  

​DHHED Hebreos 13:15:

«Por eso debemos alabar siempre a Dios por medio de Jesucristo. Esta alabanza es el sacrificio que debemos ofrecer. ¡Alabémosle, pues, con nuestros labios!».

  

​Todos hemos leído o hemos escuchado del poder manifestado a través de la alabanza en los labios de Pablo y Silas mientras estaban presos.  

​LBLA Hechos 16:25-26:

«25 Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban.

26 De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos; al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron».

Nosotros, aunque no estemos pasando por situaciones difíciles, siempre debemos alabar a nuestro Dios en nuestros hogares, en la congregación y dondequiera que podamos. Aunque no estemos presos literalmente como Pablo y Silas, aunque todo marche bien para nosotros, debemos mantener nuestra alabanza, ya que siempre tenemos personas a nuestro alrededor, y nunca sabemos en qué cárcel pueda estar prisionera una determinada persona, la cual solo vemos por fuera y aparenta libertad física, no obstante internamente se encuentra atada, se encuentra encadenada, ya sea en las prisiones del resentimiento, en prisiones de nostalgia, podemos estar frente a prisioneros de una raíz de amargura, etc. A tal grado que muchos deciden terminar con su vida; solo escuchamos decir: «Lo encontraron colgado, se amarró del cuello y perdió la vida».

​Imagínate a una persona que viva al lado de tu casa, que bien puede ser tu familiar o una persona a la que quieres mucho, y esa persona está con una tristeza profunda por alguna circunstancia de la vida que no comparte con nadie, misma que lo lleva a tomar la decisión de quitarse la vida. Y tú, sin darte cuenta, pero justo en el momento en el que está a punto de quitarse la vida, tú comienzas a cantar:

​(UN MILAGRO, UN MILAGRO, UN MILAGRO DIOS QUIERE HACER EN TI. SI LA PAZ TU HAS PERDIDO Y TE SIENTES DEPRIMIDO, UN MILAGRO DIOS QUIERE HACER EN TI. NO PIERDAS LA ESPERANZA, PON EN CRISTO TU CONFIANZA, UN MILAGRO DIOS QUIERE HACER EN TI).

​Y en medio de esa alabanza Dios se glorifica, sacude los cimientos, sacude la estructura de la vida de esa persona, se abren las puertas de su corazón, se rompen las cadenas de opresión, y pone a un lado el objeto con el que se quería quitar la vida, y llorando dobla sus rodillas y le dice a Dios:

(¡Por favor, haz ese milagro en mi vida!)

​¿Te imaginas que tú, sin darte cuenta, habrías sido el instrumento para que esa alma sea salva de la muerte física y la muerte espiritual?

​(Nunca olvides que Dios se glorifica en medio de la alabanza de su pueblo. Amén.)