Cita: RVR60 2 Timoteo 1:6:
6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.
En el idioma griego original, la palabra utilizada para «avivar» es anazopyreo, pronunciación( A-na-so-pi-RÉ-o)
está compuesta por tres conceptos:
- Ana: De nuevo.
- Zoe: Vida.
- Pyr: Fuego.
Literalmente significa «volver a darle vida a una llama que se está apagando» o «soplar sobre las brasas». Avivar fuego, inflamar, volver a encender.
En sentido físico, significa alimentar una fogata, chimenea o llama para que arda con más fuerza, agregándole combustible (madera, carbón), soplando o moviendo las brasas para dejar pasar el aire.
En algunos de nosotros con el transcurso del tiempo, las pruebas continuas y el desgaste interior actuaron como un viento helado que fue enfriando poco a poco la llama, o el fuego que un día ardió con intensidad.
Si al joven Timoteo se le está diciendo que avive el fuego, que le vuelva a dar vida a esa llama, lo mas probable es que esa llama se estaba apagando
En lo terrenal, cuando un fuego en la chimenea se apaga en apariencia, muchas veces la chispa no ha desaparecido; simplemente ha quedado cubierta por una capa gruesa de ceniza. La ceniza representa la rutina, el desánimo, las decepciones y las distracciones diarias.
Hay un detalle clave en este pasaje: Pablo no insta a Timoteo a pedir un avivamiento, sino a que él mismo encienda la llama. Esto nos revela una verdad contundente: Dios no hará lo que a ti te corresponde hacer. Dios pone la chispa, pero a ti te toca poner la madera. El don viene de Dios (es gracia), pero la llama la mantiene el creyente (es disciplina). El avivamiento personal no es un evento fortuito; es una decisión de fe cotidiana.
Dios no va a orar por ti, no va a ayunar por ti, ni va a examinar la Escritura por ti. El mover de Dios en tu vida empieza cuando tú tomas la decisión de moverte.» El milagro de Dios en tu vida se activa cuando das el primer paso.» «El avivamiento que esperas de Dios empieza con la determinación que tomas hoy.» Dios abre el camino cuando tú te atreves a caminar.»
Nadie en la casa de Dios se ha quedado con las manos vacías: a cada uno de nosotros Dios nos dio un don. Todos tenemos una gracia especial, solo que algunos no la han descubierto ni puesto en práctica.»
RVR60 Efesios 4:8:
8 Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.
Es una realidad que muchos iniciamos nuestro caminar en el Espíritu con dones extraordinarios repartidos según la gracia de Dios, e incansables en el servicio. Pero con el tiempo nos confiamos, nos descuidamos, y ese descuido congeló el ejercicio de esos dones. Por eso el apóstol Pablo le escribe a Timoteo en su primera carta con una exhortación directa: no basta con recibir el don, hay que cuidarlo. Le dice en 1 Timoteo 4:14: “No descuides el don que hay en ti”.»
Es muy probable que hoy estés aquí sintiendo el peso de un profundo cansancio; un desgaste que te ha hecho descuidar tu comunión con Dios, abriendo la puerta a las luchas y a las ganas de rendirte por completo.» Al profeta Jeremías le pasó lo mismo. Un día, abatido por las pruebas, dijo: “No me acordaré más de Dios, ni volveré a hablar en su nombre”. No volveré a predicar. Quiso rendirse. Pero inmediatamente añadió: “No obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de soportarlo, ¡y no pude!” (Jeremías 20:9)
¡Ese mismo fuego está hoy metido en tus huesos! Aunque hayas querido detenerte, la llama de Dios dentro de ti no se ha apagado.
Por eso hoy vengo de parte de Dios a decirte: ¡Es tiempo de soplar las brasas y avivar el fuego que está en ti!
Hoy vengo de parte de Dios con esta palabra: Si por alguna razón has dejado apagar los dones que Dios puso en ti. Si por cualquier motivo has dejado de ejercitar y poner al servicio los dones que un día recibiste. Es tiempo de desempolvar y volver a poner en marcha los dones que el Espíritu Santo depositó en tu vida.»
Que el que hablaba en lenguas vuelva a hablar en lenguas! Que aquel a quien Dios usaba para orar por los enfermos vuelva a interceder, y que en el nombre de Jesús los enfermos sean sanados. Que los dones se activen y que esa llama vuelva a encenderse con poder. Vuelve a esa pasión, vuelve a la oración ardiente, vuelve a levantarte en las madrugadas y a buscar el rostro de Dios en ayuno y oración. ¡Que se manifiesten de nuevo los milagros, que se renueve la unción y que la presencia de Dios se manifieste con mayor poder en nuestras vidas! ¡Aviva hoy el fuego del don que Dios puso en ti!»
Autor: Paulo Torres.
